La escena se repite año tras año en muchos hogares: la apertura de los regalos de Navidad es una selección de sonrisas forzadas, caras de póker y expresiones del tipo «¿pero esto para qué lo quiero yo?».

La clave de la disconformidad entre quienes hacen los regalos y quienes los reciben se debe a que los primeros se centran en el momento de la recepción del presente, con la intención de que ese instante suponga una gran sorpresa. Sin embargo, los segundos están más interesados en la utilidad a largo plazo del regalo que se les hace.

Así lo afirma una investigación realizada por expertos en marketing de la Escuela Tepper de Negocios de la Universidad Carnegie Mellon y la Escuela Kelley de Negocios de la Universidad de Indiana, que han analizado numerosas investigaciones sobre el tema y han descubierto que a menudo se da una diferencia entre las motivaciones de «regaladores y regalados». 

Jeff Galak, profesor de Marketing en la Escuela Tepper, pone un ejemplo muy gráfico para explicarlo: «A veces, es mucho mejor regalar una aspiradora, que no impresionará a nadie, pero que será muy usada durante mucho tiempo».

Tres fallos que cometemos al regalar

Los investigadores han identificado los tres errores más comunes al hacer un regalo:

La investigación remata con esta conclusión: la clave para acertar con nuestro regalo es empatizar con su destinatario y pensar en regalos que, además de apreciados en el momento de recibirlos, resulten útiles a medio y largo plazo.