El coloso de Rodas, el faro de Alejandría, los jardines colgantes de Babilonia… ¿Qué no daríamos por poder deleitarnos la vista con una de las 7 maravillas del mundo antiguo, de las que tan solo una queda en pie? Y sin embargo, tenemos al alcance otras maravillas no menos majestuosas, una de ellas bien cerca: el símbolo de Roma, la corona rota de la ciudad: El Coliseo romano, que ganó el concurso de las 7 maravillas del mundo moderno.

Esta magnífica estructura, que tantos mitos y leyendas ha inspirado, no se encuentra exenta de curiosidades, muchas de las cuales podéis constatar de primera mano si visitáis el recinto.

En cuanto a las curiosidades, habéis de saber que aunque Hollywood nos haya tratado de contar otra historia en realidad las luchas entre gladiadores raramente eran a muerte. Los gladiadores eran considerados una suerte de deportistas de élite. Su manutención y entrenamiento eran caros y su pérdida costosa, por lo que la mayor parte de combates era a primera sangre. Además, estos se celebraban muy esporádicamente, dos o tres veces al año.

 

Pero no solo combatían gladiadores: un hecho muy poco conocido es que también había gladiadoras féminas tan diestras en el combate como sus homólogos masculinos y que gozaban de un estatus similar. Y tristemente las luchas sin cuartel entre distintas bestias también estaban a la orden del día. Más de un millón de animales perdieron la vida luchando entre ellos o con humanos. Dado el carácter de espectáculo que tenían las batallas del Coliseo se organizaban peleas entre todo tipo de animales venidos de todas partes del mundo, y a menudo la gente solo podría ver estas especies en el Coliseo: elefantes, rinocerontes, leones, leopardos…

otro mito instaurado por Hollywood es el famoso “pulgar hacia arriba”. El perdón venía otorgado por el gesto del pulgar apuntando hacia abajo, que equivalía a “envainar la espada”.

En cualquier caso, los pulgares que más “contaban” eran los de la nobleza, que se alojaba en las gradas más cercanas a la arena, donde se situaba la acción. De hecho, cuanto más elevada fuera la posición en las gradas del Coliseo, menos elevado sería el estatus social. Y hemos dicho “la arena”, pero en al menos una ocasión el Coliseo se vació de la misma para llenarse de agua y organizar una batalla naval entre prisioneros. Un texto dedicado a esta naumaquia fue el origen de la famosa frase “los que van a morir te saludan”.