DEPORTES

Más de 500 participantes sembraron Benavente de bicis.

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Hoy “he disputado la etapa del Día de la Bici en Benavente” una nueva edición no puntuable para nada y a la vez para mucho. Para nada porque el ambiente competitivo entre los participantes era nulo, pero para mucho porque el día que he pasado, y hemos pasado todos los participantes, no se paga con nada.

El día que estrenábamos mes de mayo quiso sumarse a todo este pelotón algo más de 450 inscritos, pero más de 500 los que finalmente llegamos a la “meta” situada en la Plaza Mayor, y es que a pesar de que la hora no era nada vespertina, ya sabemos que aprovechamos hasta el último momento para decidirnos.

Pero ya decididos y llegados al Barrio San Isidro nos encontramos con una marabunta de papás, mamás, niños, jóvenes y no tan jóvenes vestidos de absolutamente todos los colores y con variedad de velocípedos, de montaña, de carretera, de paseo, con carro, con brazo para remolcar e incluso una pareja que se permitió el lujo de participar en un tándem, con más de un encontronazo entre ambos, porque ya se sabe, uno es el que conduce, el de adelante y otro el que vaguea, el de atrás, uno piensa el de adelante y otro sestea, el de atrás. Así que con esta papeleta más de un cabezazo se llevaron ambos. Aunque claro, quien hizo la ley hizo la trampa y el amigo Vaquero, patriarca de una familia dedicada desde siempre al mundo de las dos ruedas, aprovechó para hacer las suyas subido en su bicicleta eléctrica, así no es de extrañar que las pendientes para él fuera como para nosotros las bajadas. Eso sí no se crean que va sola, no amigos hay que atizar a los pedales porque por muy eléctrica que sea, si no se da al pedal eso no anda.

De la “etapa” mucho que contar. Metido en la parte central, más bien trasera pero que no se sepa, pudimos ver como el pelotón lo comandaba el jefe de filas Saturnino Mañanes fiel a su cita con las bicis, pero algo desarropado porque a la concejala de deportes somos incapaces de verla haciendo ejemplo. Iniciado el recorrido y con los nervios a flor de piel, por eso de que a la más mínima “cataplof” te puedes ir al suelo, bien por despiste propio o porque hay que andar con mil ojos ante cualquier eventualidad de un otro, nos fuimos regocijando de las calles de nuestra ciudad sin tener el peligro de los coches, aunque siempre hay alguno que con cabezonería propia irrumpe poniendo en riesgo a todos los que estábamos, por ello agradezco el buen hacer de la Policía Local, de los Voluntarios de Protección Civil de Benavente, de los Moteros Benavente y de los clubes que nos abanderan en cada prueba a la que acuden haciendo que este deporte en Benavente sea más fácil, el C.C Benaventano, Club Bicis Benavente 2010, Club Bicimontaña Lopenta, Club Montanbike Benavente y Cansinos Bike, todos velando porque ningún cruce o calle quedara desangelado de cara a los ciclistas y los Voluntarios de Cruz Roja, con excedente de tiritas, me consta no tuvieron excesivo trabajo. Ellos hoy han sido nuestros ángeles, ¡Gracias a todos por hacernos sentir seguros!.

Entre pedaleada y pedaleada y chismorreo y chismorreo con “mi compañero de fuga” Berto Casado, tuve extraordinarios momentos para departir y compartir rueda con algunos de esos de los que antes he hablado y que nos ponen a los benaventanos en boca de todos aquellos que siguen el ciclismo de élite. Me encontré por ejemplo con Raúl Morla, ahora viciado con el duatlón donde también se está empezando a aprender “benaventano” a nivel regional y que me echó una primera bronca por la posición de mi sillín. Así que llave en mano decidió que la manera en la que yo disfrutaba en la bicicleta no era la correcta y me ofreció otra posibilidad de hacerlo. Solucionado el primer embrollo disfruté algunos momentos con Pablo Monteso, del C.D Pedaleo que quiso acompañarnos en el día de hoy. Todo un profesional de la bici y ahora de la información de este deporte. Que una persona como éste tipo esté a tu lado es algo, pero que lo veas atajar, se coló en la Cuesta del Hospital, te hace subir la autoestima. Justo antes de tal infamia, crucé bici con Sixto Vaquero el flamante líder del Open de España cadete de btt, tras su victoria en Jerez de la Frontera y actual líder del Open de Castilla y león de duatlón tras su victoria la pasada semana en Soria y la verdad es que no me sacó de rueda es más decidió tomar un atajo aunque tuviera que descender escaleras. ¡Que tío!. Luego también me codeé con otro de los grandes gladiadores del deporte de la bici Álvaro Lobato colocado también entre los primeros del Open de España Junior y al que siempre le vemos entre los primeros, pero para que vean que no todo es oro lo que reluce iba de los últimos del pelotón y además junto con Adrián Huerga pusieron pie en tierra cuando enfilábamos el alto de Renueva y es que al final “todo mito tiende a caer”. Y sin embargo, no puntué entre los primeros, pero estuve ahí en la pomada.

A mitad de recorrido llegaba la zona de avituallamiento, esa zona que en una carrera de verdad los ciclistas no paran, pero donde nosotros nos lo tomamos con mucha filosofía degustando pastel, manzana y agua para recuperar fuerzas después de algunos momentos de “dureza” en el recorrido como la “cotas” de Sor Asunción Romo y Renueva.

Con el depósito de nuevo lleno nos dispusimos mi compañero Berto y yo a realizar el tramo final de “carrera” comentando el esfuerzo y lo bien que lo iban pasando varios peques con sus pequeñas bicis y que sin modernidades ni tecnología punta, bueno algunos llevaban patines, disfrutaban en cada momento del paseo. Nos llamó poderosamente la atención sobretodo dos niñas, creo que sobre cinco años, con dos bicis superpequeñas, vestidas con dos camisetas blancas y sus pantalones negros cortitos que mantenían una conversación como verdaderas personas adultas, por momentos me trasladé a sus edades y repasé mi infancia en ocasiones como ésta, cuando en el pueblo de mis abuelos despertábamos y dormíamos casi sin bajar de la bicicleta.

Ya en el tramo final y el “último accidente orográfico” de la jornada, la subida desde la Calle Tejares a Sancti Spiritu, donde encontramos a “una de las nuestras” averiada, así que manos a la obra y a la grasa porque terminaron negras. Es de bien nacidos ser agradecidos y pronto los Lopenta y los Cansinos Bike tomaron las riendas de la mecánica y en un “plis plas” solucionado. Para entonces ya era demasiado tarde, así que casi ni nos esperan en la “línea de meta” y nos toca recoger las vallas ya que el “grueso del pelotón” se nos había ido a una minutada. Por suerte llegamos y disimuladamente nos colocamos en el grupo que esperaba la entrada en la plaza Mayor donde nos obsequiaron con un bote de agua para la bici. En principio pensé que era con segundas por llegar los últimos, pero luego vi que todos llevaban uno y ¡agradecidos!.

Ya, después de cruzar “la pancarta de meta” o la valla de los obsequios como quieran, nos quedamos al pódium donde la entrega de trofeos a los mejores se transformó en un sorteo de tres bicicletas que tuvieron sus correspondientes ganadores y que la concejala de deportes, Ana San Román, a modo de azafata de carrera, hizo entrega. Por un lado me alegro de que no me tocara a mí, me hubiera tocado ir a casa andando, ¿con dos bicis a ver cómo me las iba a apañar?.

Ahora ya estoy en casa y contando lo que ha sido una maravillosa mañana, gracias a todos aquellos que han tenido que currar para que otros nos divirtiéramos. ¡Qué bien me lo he pasado!

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