DEPORTES

Atrás queda el Tourmalet. Hoy DisCamino afronta Luz Ardiden

Ayer paliza de las gordas para DisCamino con la ascensión al Tourmalet en una jornada muy dura y complicada que estuvo marcada por los cambios necesarios por la aparición de la lluvia. Un Tourmalet cargado de historia de ciclismo que metro a metro es capaz de extraer hasta la más mínima gota de sudor de aquel que tiene “la osadía” de medirse a él en una batalla en la que aquel que quiera vencerle saldrá maravillado. Es el caso de Iván que finalizó tan cansado como nunca pero satisfecho por lo conseguido.

“TOURMALET!. Ya en frío, después de unas horas, sigo eufórico, contentísimo, muy orgulloso de coronar esa cima de más de 2.100 metros de altitud y de la forma que subimos. Mi piloto Mauro González y yo, fuimos el único triciclo que salió desde el camping, los otros dos fueron en furgoneta 10 kilómetros. Cuando pasamos por ese punto nos sacaban más de 1 hora y en el último kilómetro cojimos a uno de ellos, para que hagáis una idea como subimos. Si mal no recuerdo los últimos 5 kilómetros a 165 ppm (pulsaciones por minuto) y el último kilómetro con 172 y con picos de 176 ppm. Estoy muerto, muy cansado y cargado.
Posdata: El Google Maps, lo tenía programado para 3,10 para una bici normal y Mau y yo subimos en 2,40 en triciclo desde el camping
”, decía Iván.

Hoy toca la tercera etapa y otro grande espera a los ciclistas de DisCamino, a Mauro, Pitillas, Calis, Xoana y Silvia. Luz Ardiden de 1.715 metros con 14 kilómetros de subida. Un puerto también con mucha historia ciclista, con los más grandes escribiendo sus nombres en él como Samuel Sánchez (2011), Lance Armstrong (2003), Roberto Laiseka (2001), Miguel Indurain (1990), Lale Cubino (1988) o Pedro Delgado (1985). Hoy los nombres de Iván, Anita, Isa y Borja serán los que suenen en esa cima.

Diario de A Bordo. Día 4. Tercera etapa.

DISCAMINO-2017. 14 … TRANSPIRENAICA … ¡¡¡TOURMALET!!!

“El parte meteorológico anunciaba lluvia para hoy lunes. Como también la anunciaba para ayer por la tarde y finalmente no llovió, nos acostamos con la esperanza de que esta mañana pasara lo mismo y que el dios de las tormentas se fuera con la música a otra parte. No sé qué hora era cuando el ruido de un enorme chaparrón me despertó. Abrí un ojo y, como aún estaba completamente oscuro, se activó el plan B del mecanismo del optimista por necesidad: “llueve ahora, así que por la mañana ya no lloverá”. Sonó el despertador y el agua seguía resonando sobre el techo del bungalow como si fuera una mascletá de las Fallas de Valencia. Los optimistas siempre tienen un plan C, así que: “voy a ver la previsión hora a hora; seguro que en nada para y, aunque más tarde, subimos igual. El Tourmalet no puede quedar sin subir.” Pero el Accuweather daba lluvia para toda la mañana. Paraba a las 13:00 y se reanudaba a las 18:00. Urgente reunión con el resto del equipo y decisión tomada: comeríamos a las 11:30 de la mañana y a las 13:00 saldríamos a pelearnos con las rampas del mítico puerto.
Lo vivido ayer y la necesidad de pedalear por la tarde nos dio mucho que pensar con respecto a Isabel y Ana. Troumouse puso sobre la mesa que la forma física de Isa no es la misma que la del año pasado y Ana, extrañamente, fue la primera en echar pie a tierra. Lo de Isa seguro que mejora estos días con los sucesivos esfuerzos (como en el Camino, que la ruta te va poniendo en forma); pero lo de Ana era una incógnita y una sorpresa. Por ese motivo, como siempre, decidimos ser prudentes. Nunca podemos dejar que la tentación de la vanidad (“hemos hecho esto o aquello y desde abajo del todo”) nos ponga en riesgo, así que:
– Iván, pilotado por Mauro, saldría de Luz-Saint-Sauveur y haría el puerto completo.
– Isa pilotada por mí y Ana por Silvia y Xoana, nos enfrentaríamos a los 10 últimos kilómetros, los que hay desde poco antes de la estación de esquí situada a los pies de las famosas “ZETAS” del puerto.
– Calis y Borja con nosotros para proteger al peque.
Mauro y yo subimos a dejar una de las furgos, la de LOW COST RENT, a lo alto del Tourmalet para tenerla lista para bajar los Triciclos y….. ¡¡¡la madre que me parió!!! Bajé totalmente acojonado. Las rampas, los tramos de carretera sin protección lateral, la humedad de la calzada por la lluvia caída y por el generoso desparrame de mierda de vaca me pusieron los pelos de punta. Bajé con la sensación de que había sido una temeridad meternos en semejante lío.

La mañana pasó muy lentamente y se notaban los nervios por la incertidumbre del tiempo en que cada poco pillabas a alguien del grupo mirando al cielo. Lo cierto es que no llovió más en toda la mañana y eso, que parecería una buena noticia, no lo era en absoluto ya que acrecentaba las dudas acerca de la exactitud de la previsión meteorológica. ¿Y si finalmente no había esa tregua entre las 13:00 y las 18:00?
Comimos a la hora prevista y a la una en punto Iván y Mauro salían del camping en la Copilot. Un rato más tarde arrancábamos los demás en las furgonetas hacia la estación de esquí Barèges. Les adelantamos a la salida de Luz-Saint-Sauveur. Iván ya iba envenenado y Mauro tenía que ir frenándole.
Eran las 13:45 cuando hicimos la foto de salida en Barèges. Brillaba el sol y, a pesar de que daba miedo mirar hacia arriba, los ojos se nos iban embobados hacia la maravillosa visión de las montañas que nos rodeaban. Veíamos pasar a los coches a nuestro lado y un instante más tarde eran minúsculos puntos a hacer puñetas de distancia muy por encima de lo que parecería normal. Era el momento de decidir quién iba a llevar finalmente cada triciclo y a cada copiloto. Lo habitual es que el que no pilota lleve una bici normal y desde ella ayude al que lo esté pasando peor en ese momento pero la dureza de la prolongada e ininterrumpida cuesta de 10 kms con un desnivel medio del 7,47 % hacía pensar en la necesidad de una opción más drástica que fue la que finalmente adoptamos: Xoana iría con Ana, Silvia con Isa y yo subiría a pie para ayudarles.
No sé cómo explicar lo que vivimos a partir de ese momento:
– la vista de las inmensas e interminables montañas.
– los carteles cada kilómetro con la información de los perfiles medios, la altitud en el punto, la altitud total del puerto y los kilómetros que faltaban a la cumbre.
– el pedalear rodeados de vacas, cabras y ovejas en libertad.
– ver la niebla adueñarse de las cumbres y como, poco a poco, nos íbamos metiendo también nosotros en ella.
– compartir la carretera con decenas de ciclistas que nos iban adelantando o que se nos cruzaban en sentido contrario y recibir de la mayor parte de ellos palabras de ánimo y admiración.
– recibir ese mismo respeto de un gran número de conductores y acompañantes de turismos y motocicletas.
– ver y sentir en el alma que el final está cada vez más cerca.
– escuchar a Mauro y a Iván acercarse como locomotoras a falta de 200 metros para el final del puerto.
– cruzar la imaginaria línea de meta todos juntos, en un pañuelo inesperado, al pie de la estatua de Octave Lapize, el gigante plateado.
– y, por encima de todo, muy por encima de todo……”. Por Javier Pitillas.

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